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Un recuerdo, es todo lo que me queda y en el dolor de sus ausencias me conforta el susurro de mi conciencia que me hace saber que donde quiera que estén siguen estando aquí por mi y para mi, es ese egoísmo latente por el cual no me resigno a dejarlas ir, el que me hace atarlas a mis plegarias con una llamada de aliento, que en mis momentos mas crueles y en mis contadas noches de desvelo me encuentro con ellas y todo vuelve a ser como era.
El tiempo sabio pero implacable no ha podido remover ni un ápice de sus presencias, siguen aquí y aunque mi mente divaga en cosas no trascendentes, que por un momento ocupan mi espacio, aunque parezca que el olvido quiere hacerse presente y adueñarse de sus nombres, yo estoy aquí como fiel testimonio de su paso, como una huella que asegura que al menos por un breve intervalo seguirán estando sin estar, la satisfacción que me da representar sus existencias, solo es comparable a la pena que me causa sus ausencias, fiel a sus enseñanzas hoy vivo y vivo gracias a ellas porque por ellas soy….
Camino, mis pasos son pesados y el sendero me parece largo, la noche en su infinita negrura me acompaña,
no hay estrellas, solo oscuridad, me busco mas no me encuentro y en este desencuentro, la dualidad que existe en mi me invita a ser libre, por un lado ese ente maligno que me susurra al oído las mas inimaginables fantasías mundanas, que me lleva al extremo de mi inútil resistencia y por otro esa conciencia cargada de moralidad absurda que me frena, me resiste y me insiste que siga en el sendero y mientras en mi se libra esa batalla irreverente que no tiene vencedor ni vencido, retomo mi paso... y en el sabio regazo del tiempo, veo pasar frente a mi recuerdos, algunos tan dulces como ambrosia y otros tan amargos, hirientes y persistentes que se niegan a ser borrados, así entre batallas, recuerdos, encuentros y realidades me vuelvo a ver solo..... y camino.
No hay indicaciones, no hay brújulas, no hay guías, no hay nada que me indique el camino. mas allá de mi libre albedrío, ese que en momentos me hace tropezar con piedras que mi orgullo no me deja reconocer en la mitad de la vereda, ese que en etapas me hace sentir que soy grande y que a nadie le debo explicaciones de mis pasos andados, caminantes van y vienen, algunos cruzaron y no dejaron huella, otros van a la par ensimismados en sus propios recorridos, me detengo por momentos, intentando inútilmente reconocerme, por ahora estoy solo…. y camino.